jueves, 30 de abril de 2015

La tierra de nadie y otros relatos.

Fumarolas : 30 abril 2015, jueves, Santa Sofía

Ayer te hablé de “Alfanhuí”, de Sánchez Ferlosio. Luego cogí, también al azar, otro libro. Se trataba del número cuarenta y cinco de la misma Colección RTV. ¿Autor? Ignacio Aldecoa. ¿Título? “La tierra de nadie y otros relatos”. En la primera página había escrito: Es propiedad, Marzo 70.

Aldecoa fue, como Sánchez Ferlosio, un escritor de la posguerra, y pertenece al realismo social de la época, como Ana María Matute y otros. Los relatos son: Chico de Madrid, Seguir de pobres, Hasta que llegan las doce, Un cuento de Reyes… aparte del que encabeza la lista y da nombre al libro: La tierra de nadie.

Aldecoa nació en Vitoria, en julio del año veinticinco, ocho años antes que yo. Sufrió, por tanto, los mismos avatares de mi infancia y la de muchos que nacimos por aquellos años. Nuestros padres, más que nosotros, vivieron las miserias de una guerra civil. A nosotros nos tocó sufrir las consecuencias.

Como murió en el sesenta y nueve, a los cuarenta y cuatro años, no le puedo preguntar en qué ocupaba su tiempo ni cuáles fueron sus juegos preferidos. Ni si conoció a Unamuno. Como don Miguel murió en el treinta y seis, pudo ser, aunque difícil, que uno salía y otro entraba en la cancha. Ignacio tenía once años cuando murió don Miguel. Vivimos la misma sociedad, la misma época, con todo cuanto suponía conocer el estraperlo y la restauración social de tres años de bombas.

¿En qué bando estuvo tu padre, Ignacio? ¿Y tú qué hacías? ¿Ibas a la “ikastola” de tu pueblo? ¿Te gustaba ya escribir? Creo que nos hubiéramos comprendido. Tus cuentos hablan de cosas que conocimos los dos. En Los pájaros de Baden Baden escribes: “Entró Elisa y su vestido estampado flotó un poco al andar y pareció que había entrado algo de aire con ella.

-Buenas tardes –dijo Elisa-. Tal vez he interrumpido…
-Un momento, ahora vengo, voy a refrescarme, estoy grogy, absolutamente grogy, ¿vale?
         -Vale –dijo Elisa divertida y se sentó en una de las butacas. Oyó las sonoras abluciones, cómo se sonaba las narices y el ruido que hacía al enjuagarse la boca.


Francisco Tomás Ortuño.  Jumilla (Murcia)

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