viernes, 24 de abril de 2015

La mujer es el motor de la vida.

Fumarolas : 24 abril 2015, viernes, San Honorio

Murcia, las ocho y media, en este camarín aislado y silencioso, en este sol de camarín.
-San Pusicio fue prefecto de los artesanos del Rey.
-¿Qué cargo era ese?
-Cuidar que cada uno hiciera bien lo que tenía que hacer.
-¡Qué oficio tan raro!
-No te creas, Adolfo, que cuando estaba es porque hacía falta. Hoy en muchas actividades no vendría mal un prefecto, que hay personas que se duermen si nadie los vigila.
-Decía que San Pusicio era prefecto del rey Sapor, y por ayudar al sacerdote Ananías lo mataron. Fue, por tanto, mártir: murió defendiendo su fe.

No hay quien me lo quite de la cabeza, Adolfo: la mujer es el motor de la vida. Si falla el motor, ¿quién puede hacer lo demás? ¿Qué hace un coche sin motor? ¿Qué hace un avión que no alza el vuelo?
-O que en el aire se para, Arsenio.
-También puede darse, que hay personas que van bien y, de la noche a la mañana, cambian el rumbo.
-¿Tú crees que la Santa de Ávila, u otras como ella, podía  cambiar a mitad de camino?
-Yo no pongo la mano en el fuego por nadie, Arsenio, que el demonio, que gobierna el mundo cuando Dios se duerme, es muy astuto. Todo puede ser, Arsenio, todo puede ser. El demonio se cuela en uno y revuelve la casa, hasta los pensamientos y sentimientos. Hace ver lo blanco negro y viceversa; hace que sea otra persona distinta. Luego dicen: “Este no es mi Juan, que me lo han cambiado”, y es así. Y esto en el hombre y en la mujer.


Francisco Tomás Ortuño.  Murcia

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