lunes, 6 de abril de 2015

Examen.

 Fumarolas : 6 abril 2015, lunes, San Guillermo
Fragmento

-¿Te cuento un chiste? Le preguntaron a un niño en un examen:
 “Háblame de los hombres primitivos”. Y el niño, feliz porque se sabe la respuesta, con aire de suficiencia, responde: “Unos desocupados que no hacían otra cosa que pasear; se vestían con pieles caras y pasaban el día en la taberna”.
-Muy bien, Urbano, muy bien. Y para terminar: ¿Qué río pasa por Viena?
-¡Vaya pregunta!, ¿cuál va a ser?: el Vesubio Azul.
-Muy bien, así da gusto, alumnos que se lo saben todo. ¿Igual sabes también los afluentes del Duero por la derecha?
-¿Cómo no lo voy a saber? Los mismos que por la izquierda, profesor; depende del camino que cojas: que vas para un lado, los encuentras a tu derecha; que vas para el otro, los ves a tu izquierda. ¿Era de pega la pregunta, señor profesor?
Y viendo que le mandaba retirarse, le pregunta:
-¿Me quiere preguntar para nota?
-Esa ha sido la pregunta para nota: le voy a dar Sobresaliente.

Esto que cuento ahora fue real como la vida misma:
En un examen oral, como era ya tarde, dijo el profesor al alumno que quedaba por examinarse:
-Diga usted la lección primera.
-¿La lección primera? -responde el alumno contento.
-Sí, sí, diga algo, que nos vamos. Y viendo que no hablaba, y él quería marcharse con los compañeros, que aguardaban en la puerta, volvió a decirle:
-Diga la lección que quiera.
-¿La lección que yo quiera? –repitió eufórico el alumno.
-Sí, pero diga algo, por favor, que me están esperando. Y viendo que tampoco abría la boca, le dice:
-¿Me quiere decir a qué venía usted? ¿Sabía que venía a un  examen?
-¿Cómo no iba a saber a lo que venía?, responde el alumno. Aquí tengo el programa; qué ocurrencia, decir que si sé a qué venía; eso le puede costar caro, ¿sabe?, en la calle no me lo dice.
-¿Qué es lo que no le digo en la calle?, responde el profesor alterado.
-Conmigo se equivoca usted, ¿sabe?, retire sus palabras.
-¿Qué palabras tengo que retirar?
-Sin chulerías, ¿eh?, que ya me estoy cansando; porque está en su casa que si no…
-Vamos a dejarlo, retírese usted.
-¿Cómo que me retire? Usted me examina aunque estemos aquí hasta el año que viene, ¿me ha oído bien?
-Por favor, ¿me deja que me vaya? –sigue el profesor más bajo-. Yo le apruebo y lo olvidamos, ¿vale?
-Por esta vez, pase -dice el alumno-, pero ojo con lo que dice. Deme Notable y olvidado queda.
-Claro, no faltaba más.


Francisco Tomás Ortuño.  Murcia

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