Fumarolas : 11 abril 2015, sábado, San Isaac.
Fragmento
…
Y fuimos a Alcantarilla.
-¿Qué se os había perdido allí?
-Fuimos al Cementerio; no habíamos vuelto desde que murió un amigo, hacía algunos años.
-¿A hacerle una visita?
-No precisamente, que salimos sin saber dónde estaba su tumba. Aunque estando en el Cementerio era como estar en la casa de todos los que allí viven.
-¿Viven?
-Mejor, reposan. Si vas a hacer una visita a un pariente de la Coruña, cuando pisas tierra gallega, te sientes ya con él. Pues aquí lo mismo: Si vas al Cementerio a visitar a un difunto, cuando pasas las puertas del Camposanto, puedes dar por hecha la visita. Como no te van a dar conversación, con sentarte en un banco de la entrada, sacas lo mismo que leyendo su nombre en una lápida.
-Pues eso. ¿Y a qué fuisteis, entonces?
-Por si decidiéramos descansar allí luego para siempre.
-¿Y os gustó el sitio?
-Lo que se dice gustar, no; si buscas silencio, mucho, si diversión, poco. Con todo es un lugar bonito y limpio, con muchos panteones y retratos.
-¿Y por qué no en Jumilla, donde están los padres y hermanos?
-La seguridad de que allí no queda nada. Si creyéramos que agradecen la visita, otro gallo cantaría.
-Ahora muchos quieren que incineren sus restos mortales.
-¿Y qué hacen con sus cenizas?
-Las guardan en un frasco los familiares.
-El final será tirarlo a la basura, porque, fuera de los más allegados, ¿quién va a guardar un frasco con los restos de un difunto?
-¡Guárdalo bien, que es tu abuelo!
-¿Dejó la casa que tenía y los euros del Banco?
-Sí, claro, ya se repartieron entre los hijos.
-Entonces, ¿para qué guardar sus cenizas? Yo no quiero tal recuerdo; cuando no me vean, me lo quito de encima. ¿A quién se le ocurriría una idea tan macabra? Guardar los restos del muerto en un tubo. ¿Y si, como Aladino, saliera una noche y dijera no estar bien atendido? No, no quiero restos, ni tubos con cenizas. El muerto al hoyo y el vivo al bollo.
Francisco Tomás Ortuño. Murcia
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