jueves, 23 de abril de 2015

Apócrifo.

Fumarolas : 23 Abril 2015, jueves, San Jorge, “Día del Libro”.

-¿Subirían anteayer a la Virgen de la Fuensanta, Prudencio? Las campanas de la catedral andaban nerviosas, como despidiéndola.
-Como sabes, la bajan a las fiestas y la suben después, Zoilo.
-¿Y a qué la bajan si no ve las procesiones; ni va a los Huertos a comer paparajotes?
-Doctores tiene la Iglesia, Prudencio. Ellos sabrán a qué obedecen las bajadas y subidas. Si viviera Lope “el de las comedias”, diría como dijo por motivos diferentes: “Tantas idas y venidas, tantas vueltas y revueltas, quiero amiga que me digas, ¿son de alguna utilidad?”.
-No juzguemos lo que no sabemos. ¿Perdemos algo con que la Virgen se pasee?

-Lo que has dicho de Lope de Vega me hace pensar que fue el autor del Quijote apócrifo.
-Mira ahora por dónde me sales. ¿Qué te hace sospechar que don Lope era Avellaneda?
-Lo fácil que se encontraba escribir; más de ciento en horas veinticuatro, de la cabeza a las tablas; y lo mal que se llevaba con don Miguel. Eran enemigos acérrimos de la pluma. Cervantes envidiaba a Lope por ser tan prolífico, y Lope a Cervantes porque sabía lo que era capaz de hacer. Para mí que cada uno vivía pendiente del otro, sin querer darlo a conocer.
-Y como pasaban los años y la Segunda Parte del Quijote no se  publicaba, Lope se diría: “Ya que no te decides, seré yo quien lo haga y firmaré con un pseudónimo; “Avellaneda” mismo, que suena bien”. Y se publicó el Quijote apócrifo de Avellaneda.
Cervantes que vio su novela con Segunda Parte por el mundo, se dio prisa en terminar la suya, no sin antes decir: “¡Válgame Dios, y con cuántas ganas debes de estar esperando este Prólogo, creyendo que vas a encontrar venganzas, riñas y vituperios. Pues no te he de dar ese gusto, ni me pasa por el pensamiento: con su pan se lo coma y allá se lo haya.
Lo que más he sentido es que me tilde de viejo y de manco, como si en mí estuviera detener el tiempo o si mi manquedad hubiera nacido en una taberna y no en la más alta ocasión que vieron los siglos”.


Francisco Tomás Ortuño.  Murcia

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