martes, 21 de abril de 2015

Ángel "Chef".

20 abril 2015

Murcia, las diez y media, lunes, en mi retiro. El tiempo sigue igualmente retirado de vientos y lluvias: la ropa tendida toma el sol a placer y la gente pasea sin nubes.
-Como ya las fiestas son historia…
-Como quieras verlo, Andrés; que luce el sol es verdad; lo que tú quieras pensar aparte, eres muy libre. La verdad de las cosas está por encima de lo que nosotros pensemos. Tú puedes ver mal tiempo donde otro ve lo contrario. Pero por encima de los pensamientos y deseos particulares, está la pura realidad, que no puede cambiarse.
Cuentan que un padre fue con su hijo a visitar una granja. A la vuelta a casa, cada uno contaba cosas distintas de lo que habían visto. Para el padre los dueños de la granja eran pobres, y para el hijo, en cambio, eran ricos y dichosos. 
-Nosotros tenemos piscina, decía el padre.
-Y ellos un arroyo que pasa por su puerta, respondía el hijo.
-Nosotros tenemos luz para alumbrarnos, decía uno.
-Y ellos tienen las estrellas.
-Y un perrito de mascota.
-Y ellos cinco para guardar la granja.
Al fin, el hijo añadió:
-Y ellos tienen tiempo para hablar y la mamá y tú casi nunca os veis. Y terminó:
-Gracias, papá, por enseñarme lo ricos que podemos llegar a ser. 

Ayer hablamos con Ángel; él iba a comer y nosotros a acostarnos, y no a la siesta precisamente. En El Salvador eran las dos del mediodía y aquí en España, y en Murcia, claro, las diez de la noche. Cuesta digerir el cambio horario; chirrían las estructuras  cerebrales  de la persona. 

Nos enseñó la comida que sacaba del horno, como un pastel que había preparado antes. Pensé que nada mejor para cocinar que verse solo en otro país, lejos de la familia. Le llamamos “chef” de broma. “Sí, chef”. Pero era verdad: donde uno cocine sin ayudas, que se callen las Escuelas de  la tele.

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