lunes, 27 de abril de 2015

Cada cual es él y solo él.

Fumarolas : 27 abril 2015, lunes, N.S. de Monserrat
Fragmento

Los niños quieren trabajar, estar ocupados: escribe diez nombres de animales, números romanos del uno al veinte, haz un dibujo; escribe diez frases de tres palabras: el perro ladra, el gato come; frases de cuatro palabras: mi casa es grande, el gato caza ratones; frases sobre el campo, sobre el perro; cuenta lo que hiciste ayer...  El niño quiere trabajar. Estar sin hacer nada le aburre.
-Pero todos no nacen con las mismas capacidades. ¿Qué hacer entonces?
-Pedir a cada uno lo que pueda dar. Al que pueda dar cinco no le pidas seis y al que pueda dar ocho no lo dejes en siete. Así de sencillo. Cada niño es como una planta que hay que atender. Lo último es abandonarlo a su suerte.
Unos aprenderán con rapidez, otros serán más lentos, pero a su ritmo seguirán adelante. Dice un refrán, oportuno para estos casos, que “no por madrugar amanece más temprano”. Quizás perjudiquemos al niño que, sin poder, le obliguemos a hacer lo que no puede.
Cada niño a su ritmo, que no al ritmo de los otros. Habrás visto que no todos andan al mismo tiempo. Hasta si los obligas, los puedes perjudicar.  Nunca debemos apremiar al niño a que se adelante en su natural constitución. Entre dos niños no solo no llevan distinto paso en su crecimiento sino que en un campo uno puede ir por delante y en otro lo contrario.
Es la mente muy vasta y extraña. A uno se le dan bien las operaciones aritméticas y a otro el lenguaje. Uno comprende bien las plantas y otro los números. No podemos tachar de torpe a quien no comprende la Historia por más que a los padres les gustara.  
El cerebro tiene sus caprichos que no podemos cambiar aunque queramos. No puede haber dos niños iguales, ni uno superior a otro en todo. Es él y hay que quererlo como es.
-Si esto lo comprendieran las parejas en el matrimonio, sabrían que hay que aceptar al otro como es. Y en la sociedad, que debemos ayudarnos más que censurarnos.
Cuando eran pequeños mis hijos, quiso mi mujer que estudiaran música. Así fue, pero unos llegaron y otros se quedaron a medio camino. Y eso pasa a todos en todos los terrenos, porque nadie es igual a otro. Cada cual es él y solo él.


Francisco Tomás Ortuño. Murcia

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