miércoles, 8 de abril de 2015

Hablar entonces de la “Libertad de enseñanza” era peligroso.

Fumarolas : 8 abril 2015, miércoles, San Dionisio
Fragmento
…

-Los holgazanes no merecen gozar de las mieles celestiales.
-No se puede hablar contigo: a todo le sacas punta.
-Todo está relacionado, Raúl. Echa por un camino y no te salgas de él, que si te desvías por callejas y callejones no llegarás al final.
-¿A qué final, Bernardo?
-A lo que te hayas propuesto decir cuando empezaste. Te dije ya que la hoja en blanco que se ofrece delante cada día no me obliga a escribir de nada en particular. Lo que mi cabeza dicta escribe mi mano y punto. Ya Cervantes escribía por pliegos sus trabajos, según las condiciones que se estipulaban. Los escritores tenían que escribir sobre determinados temas que les pedían.
-El que paga manda. El escritor en su oficio tendría que escribir a gusto del que le pagaba. “A tanto el pliego, diez para mañana sobre tal asunto”. Y el  escritor, como obrero de la pluma, se sentaba a escribir como el que hacía sillas o dibujos. Velázquez no hacía otra cosa: pintaba cuadros que le mandaba el rey. “Oye, Diego, quiero un cuadro con la familia real para la sala de las visitas; otro conmigo a caballo para la entrada, y uno pequeño con frutas del tiempo, para el comedor”. Y Velázquez tomaba nota y a su caballete a llenar lienzos. ¿A él que le importaba la política? Él pintaba lo que le pedía don Felipe y no quería saber más. Era su trabajo.
-Más o menos como hoy los periodistas: “No te salgas de nuestras ideas y escribe dos folios diarios.
-A mí no me irían las imposiciones ni las prisas. Que hay días que el horno no está para bollos y no le pidas cocer el pan. Yo a mi aire: que quiero escribir, escribo; que no estoy por la labor, descanso. En cuanto al tema, si pienso que una cosa es blanca no puedo decir que es negra y viceversa. Ya me ocurrió en una Oposición, que por ser leal conmigo mismo, me suspendieron. Fue al comienzo de la nueva Democracia. Hablar entonces de la “Libertad de enseñanza” era peligroso. Y cuando ya creía tener mi plaza en el bolsillo, por lo que dije en un folio me tiraron para atrás. Me lo dijo luego doña Matilde, que estaba en el Tribunal: “Ha dicho el Presidente que él no podía aceptar tales aseveraciones”.


Francisco Tomás Ortuño. Murcia

martes, 7 de abril de 2015

La máquina del tiempo.

Fumarolas : 7 abril 2015
Fragmento

-Por el giro de la Tierra, en su movimiento traslaticio, cuando amanece en España ya lo hizo en Israel, en Grecia y en Italia, pero no lo ha hecho todavía en las Azores, Cuba o Méjico. Así que, a las diez de la noche en España, es más tarde en Italia, en Grecia y en Moscú, y más temprano en las islas Azores y en el continente americano. Si el avión fuera a la velocidad de la luz, llegaría antes de salir.
-¿Cómo va a llegar antes de salir? Eso no puede ser, Basilio.
-Sí, sí; y al revés: si saliera con el sol de Madrid a un país del Este, llegaría  antes de haber amanecido.
-Yo esos juegos horarios no los digiero bien. Que me digas que llega a América antes de salir del aeropuerto de Barajas, o que llegas más temprano que cuando sales, si vas a Moscú, no lo veo claro.
-Es la máquina del tiempo: En el colmo de la velocidad, llegas a la fecha de tu nacimiento. Su inventor veía lo que pasaba en tiempos de los romanos: Estaba en posesión de la verdad histórica. Decía, por ejemplo, que el rey godo Ataúlfo pegaba a su mujer Gala, que la reina Catalina de Rusia se iba de juerga por las noches, o que unos extraterrestres construyeron las pirámides de Egipto… Se volvió loco.
-¿Y tú crees que pudo ser con esas máquinas?
-Yo, con la nueva tecnología, ya me lo creo todo.


Francisco Tomás Ortuño. Murcia

lunes, 6 de abril de 2015

Examen.

 Fumarolas : 6 abril 2015, lunes, San Guillermo
Fragmento

-¿Te cuento un chiste? Le preguntaron a un niño en un examen:
 “Háblame de los hombres primitivos”. Y el niño, feliz porque se sabe la respuesta, con aire de suficiencia, responde: “Unos desocupados que no hacían otra cosa que pasear; se vestían con pieles caras y pasaban el día en la taberna”.
-Muy bien, Urbano, muy bien. Y para terminar: ¿Qué río pasa por Viena?
-¡Vaya pregunta!, ¿cuál va a ser?: el Vesubio Azul.
-Muy bien, así da gusto, alumnos que se lo saben todo. ¿Igual sabes también los afluentes del Duero por la derecha?
-¿Cómo no lo voy a saber? Los mismos que por la izquierda, profesor; depende del camino que cojas: que vas para un lado, los encuentras a tu derecha; que vas para el otro, los ves a tu izquierda. ¿Era de pega la pregunta, señor profesor?
Y viendo que le mandaba retirarse, le pregunta:
-¿Me quiere preguntar para nota?
-Esa ha sido la pregunta para nota: le voy a dar Sobresaliente.

Esto que cuento ahora fue real como la vida misma:
En un examen oral, como era ya tarde, dijo el profesor al alumno que quedaba por examinarse:
-Diga usted la lección primera.
-¿La lección primera? -responde el alumno contento.
-Sí, sí, diga algo, que nos vamos. Y viendo que no hablaba, y él quería marcharse con los compañeros, que aguardaban en la puerta, volvió a decirle:
-Diga la lección que quiera.
-¿La lección que yo quiera? –repitió eufórico el alumno.
-Sí, pero diga algo, por favor, que me están esperando. Y viendo que tampoco abría la boca, le dice:
-¿Me quiere decir a qué venía usted? ¿Sabía que venía a un  examen?
-¿Cómo no iba a saber a lo que venía?, responde el alumno. Aquí tengo el programa; qué ocurrencia, decir que si sé a qué venía; eso le puede costar caro, ¿sabe?, en la calle no me lo dice.
-¿Qué es lo que no le digo en la calle?, responde el profesor alterado.
-Conmigo se equivoca usted, ¿sabe?, retire sus palabras.
-¿Qué palabras tengo que retirar?
-Sin chulerías, ¿eh?, que ya me estoy cansando; porque está en su casa que si no…
-Vamos a dejarlo, retírese usted.
-¿Cómo que me retire? Usted me examina aunque estemos aquí hasta el año que viene, ¿me ha oído bien?
-Por favor, ¿me deja que me vaya? –sigue el profesor más bajo-. Yo le apruebo y lo olvidamos, ¿vale?
-Por esta vez, pase -dice el alumno-, pero ojo con lo que dice. Deme Notable y olvidado queda.
-Claro, no faltaba más.


Francisco Tomás Ortuño.  Murcia

viernes, 3 de abril de 2015

La máquina del ruido.

Fumarolas : 1 abril 2015, Miércoles Santo, San Venancio
Fragmento

Murcia, las nueve. Llevo un par de días que para nadie quisiera. El cuerpo es una máquina que va bien cuando las piezas son nuevas,  bien ajustadas y sus componentes están en su punto y medida; pero que si se desajusta, no hay peor cosa que sufrirla.

Y ya dos días, por si fuera poco mi maltrecho estado corporal, que están rompiendo la calle con una máquina que hace un ruido de mil demonios. Luego sabremos lo que se llevan entre manos, que quien paga, manda. Aunque esto que digo, aquí no sea cierto, que pagamos los vecinos y manda otro.

Creo que es cosa del Ayuntamiento, que da trabajo para que el paro disminuya; que las Elecciones a Alcaldes están encima: “Vosotros a podar naranjos que encontréis en las calles; vosotros a limpiar de hojas secas los jardines; vosotros a regar el Malecón… y así.

Aquí nos ha tocado la máquina del ruido. Desde las ocho, no hay quien viva, y si hay enfermos que se aguanten. Para mí que no miran tanto por la ciudad como por ellos, que quieren ofrecer cifras del paro mejores que avalen su eficacia y valía.

Francisco Tomás Ortuño.  Murcia

Teresa de Ávila.

Fumarolas : 31 marzo 2015, Martes Santo.

Ya que celebramos el quinto centenario del nacimiento de Santa Teresa, hablemos de la santorra de Ávila. ¡Qué mujer tan inquieta! No me extraña que la princesa de Éboli, la del ojo tapado, se enfrentara a ella.
-¿Quién fue esta princesa?
-Era hija de don Diego Hurtado de Mendoza, y casó con el príncipe de Éboli;  a la muerte de su esposo, poseyó una de las mayores fortunas de España. Se retiró entonces al convento de carmelitas de Pastrana, que había fundado Santa Teresa a instancias suyas.
Santa Teresa, fundadora de conventos, tuvo que enfrentarse a mil peligros que le salían al paso; y los viajes entonces no eran de coches y aviones, sino a base de carros y mulas por duros caminos.
Uno de los lugares a donde ir este verano puede ser a visitar uno de los santuarios o monasterios que hay repartidos por España. En algunos piden el más estricto respeto a la vida monacal. Quizás sea un aliciente más para buscarlos. La paz y tranquilidad que hay en ellos no se encuentra fuera.
Las hospederías de los más de quinientos santuarios y monasterios como el de Santo Domingo de Silos, en Burgos, o la Hospedería del Monasterio de  Guadalupe, en Cáceres, proporcionan un descanso necesario para desconectar de la rutina y reponer fuerzas: ambiente relajado y excelente cocina.
¿Qué mejor que visitar el Convento franciscano de Santa Ana en Jumilla? La ayuda que aportemos a los pocos frailes que pueda haber en las celdas donde estuvieron el beato Andrés Hibernón, Ayala, San Pascual, con la Biblioteca y el Museo, valen la pena.
Yo de ti probaría. Las playas se conocen; las discotecas ya sabes. ¿Qué mejor que ese contraste de ruido y multitudes al silencio y soledad del monasterio? ¿Por qué no lo pruebas? ¿Por miedo quizás a que los hijos quieran quedarese entre sus muros para el resto de su vida? La vida de los frailes fue siempre ejemplar.

Francisco Tomás Ortuño.  Jumilla (Murcia)

Angelina.

Fumarolas : 30 marzo 2015, Lunes Santo
A mi amiga de siempre Angelina Jiménez
Fragmento

Hará dos años que fue la noche de Angelina, en las Claras. Amigos jumillanos fuimos a celebrarlo con ella.
-¿Qué celebraba y quién es esta Señora?
-Te cuento: En Jumilla hubo una Academia o Centro de Estudios bastantes años, por la que pasaron, creo, todos los jumillanos que estudiaron algo.
-¿Y quién dirigía esta Academia o Centro cultural?
-Tenía nombre propio: Don José Yagüe: Mecanografía, caligrafía, taquigrafía, magisterio, bachillerato, derecho mercantil… Que querías preparar Oposiciones a lo que fuera, allí tenías la solución: “Trae los libros, querido, y a estudiar desde mañana mismo”. De bachillerato tenía más alumnos que el Colegio de “San Francisco”, con profesores licenciados y catedráticos en todas las materias.

Era a mitad de siglo, cuando Franco ganó la guerra y la represión y el miedo eran el denominador común en todas las actividades de la sociedad. La memoria y el palo eran los métodos en la enseñanza: “Es buen Maestro, pega mucho”. Lo de pegar era un eufemismo de castigar sin miedo. “Este es mi hijo, señor Maestro”, me dijo a mí el padre de un niño cuando entré en la Escuela; “por lo más pequeño, dele un “lapo” que lo tire al suelo, que yo le daré más fuerte cuando llegue a casa”. Era lo que se llevaba. El Maestro no tenía miedo a pegar al niño. Este en cambio temblaba cuando no contestaba como un papagayo a las preguntas del profesor.
Don Máximo, sacerdote de sotana y profesor de latín, ponía a los alumnos en corro y en el centro al alumno que preguntaba. “¡Quítate las gafas primero!”, le decía. “Y tú, disponte a darle una torta si no contesta”. Comprenderás el estado de ánimo del alumno preguntado.
Bueno, pues don José Yagüe dejaba en mantillas a don Máximo a la hora de hacer justicia. “Don José, debajo de la escalera hay uno muerto”. Era un niño al que había puesto de rodillas hacía dos horas, se había desmayado y caído escaleras abajo.
Así don José cobró fama y no había padre que no quisiera llevar a su hijo con él. “¿A dónde va tu hijo?”. “Con don José Yagüe”. En los pocos años que fui Maestro –Rillo, Elche de la Sierra, Jumilla- en la década de los cincuenta, la moda era pegar: “La letra con sangre entra”, “Quien más te quiera te hará llorar”. Se pegaba por todo y por nada, en la escuela, en la casa, en la calle, en todas partes con absoluta impunidad. No había miedo a pegar; más bien lo tildaban a uno de blando, débil y mal maestro si no aplicaba el palo o castigos duros en la escuela.
En una ocasión dejé castigado a un niño por no saberse la lección. Se me olvidó ir a abrirle por la noche, y al día siguiente, temprano, fue a disculparse el padre a mi casa por haberle abierto la puerta a media noche   “Le dije que corriera el pestillo, usted perdone”.

-¿Pero no ibas a hablar de Angelina?
-Angelina era una joven más que estudiaba Magisterio con don José. De familia humilde como tantas de su tiempo. Su padre, Marcial, era aperador. Tenía su oficio en la calle de Lerma. Nosotros los niños jugábamos cerca y hasta hablábamos con él.
Arreglaba ruedas de carros y utensilios de labranza. Luego supe que aperador venía de aperar o componer carros, galeras y aparejos para el campo. Desapareció como tantos oficios que se dedicaban a lo mismo, como talabarteros o guarnicioneros.
Angelina se hizo Maestra. Como le gustaba hacer versos, escribió poesías, que iban alegrando su espíritu. En su jubilación pensó recogerlas en un libro. Y a eso fuimos anoche, a celebrar el parto de su libro de poemas. Enhorabuena, Angelina.

Francisco Tomás Ortuño

Narciso.

Fumarolas : 27 marzo 2015

Murcia, las nueve, en mi camarín, San Narciso. ¿Sería San Narciso del Cielo, narciso en la tierra, Julián?
-¿Qué quieres decir? Aquí sería también Narciso, como tú eres Francisco y yo Julián. En el Cielo es Santo porque en la Tierra cumplió con los Mandamientos de la Ley de Dios.
-Me refiero a lo que entendemos por “narciso”: el que mira mucho por su compostura.
-Podía ser, que también estos narcisos van al Cielo. Y no es lo mismo cuidar la figura que ser amanerado.
-¿Qué entiendes tú por ser amanerado?
-Una forma peculiar de ser: hablar de otra forma, andar de otra manera y   comportarse de otro modo. Como una raza dentro de la raza humana. Como los gitanos, por ejemplo, que se distinguen de los payos siendo personas iguales. Algo así, pero que van al Cielo también. San Narciso pudo ser lo mismo Narciso que un afeminado.
-Se te escapó, Julián.
-¿No pensabas tú lo mismo?
-No debemos llamar a estos hermanos nuestros peyorativamente. Nacen como tú, pero son de otra manera. Pueden estar orgullosos de ser como son, como los albinos de ser blancos de piel.
-Y de hecho lo están ¿Acaso tú no estás orgulloso de haber nacido en España, y los rusos de haber nacido en Rusia, y los americanos en América?
Fue Platón el que dijo que estaba orgulloso de haber nacido hombre, en su tiempo y en su país. Cada cual debe sentirse feliz con su suerte. Así que no creo que San Narciso  sintiera lo más mínimo haber nacido como lo nació su madre. La suerte ya viene dada en el parto… o antes.
-Nos hemos extendido más de la cuenta con el nombre. ¿Sabías que narciso es también una planta de hojas largas y puntiagudas y flores olorosas blancas o amarillas? ¿Qué importa que San Narciso fuera en su vida terrenal alto o bajo, rubio o moreno? Me quedo con la “Lectura del día” que me deja mi mujer para que lea: “Vivid en el amor”.


Francisco Tomás Ortuño.  Murcia