jueves, 7 de mayo de 2015

Y caímos otra vez.

Fumarolas : 1 mayo 2015, viernes, San José Obrero
Fragmento

Y caímos otra vez. Viendo que no respondíamos a la carta que mandaron, nos llamaron por teléfono: “¿Es que no piensan venir al Hotel Amistad mañana a las once?”. Y fuimos.
-¿Qué nos van a ofrecer esta vez? -dije a mi Señora.
-De comprar nada; pero nada de nada, que tenemos de todo –respondió.
-Ver, oír y que nos den lo que ofrecen: dos botellas de vino y unas bandejas de jamón –rematé yo.

Y a la primera, se quedan con uno: “Este colchón procura oxígeno al cuerpo cuando duermes”.
-¿Cómo es eso? –te preguntas.
-Muchos mueren en la cama por la noche –dice la Señorita, convencida-. Se acuestan bien y luego no se despiertan. ¿De quién fue la culpa? Del colchón.
Habla con una seguridad aplastante.
-Tienen que cambiarlo por este que les ofrecemos, que solo cuesta seis mil euros.
-¿Ha dicho seis mil euros? –se oye por detrás.
-Si lo prefiere a morir de un infarto… Su colchón está plagado de ácaros; este, en cambio, no lleva ácaros. Usted decide entre morir con ácaros o vivir sin dolor.
-¿Y la gente se lo cree?
-¿Qué si lo cree? Le falta tiempo para firmar su pedido.
-¿Seis mil euros cuando un colchón de marca cuesta trescientos? –remolonean algunos entre el público.

Y entonces viene la segunda parte, o última oferta:
-Ah, quería ofrecerles también este aparato que parece un móvil y es lo más valioso que podemos tener en casa. ¿Ven lo pequeño que es, y, además, irrompible? Pues nos aísla de las radiaciones que llegan de los artilugios que nos invaden en la casa y fuera de ella: móviles, lavadoras, televisor, microondas, cocinas… Con este aparato vivimos como en una burbuja, libres de peligros, de día y de noche. Por dos mil euros le damos dos. Como lo oyen, hoy estamos generosos, dos por uno.
-Pero es mucho dinero también –se oye entre el numeroso público.
-Pues al que lo compre, le regalamos el colchón -sigue la Señorita como si no oyera.
Mi Señora cree que no ha oído bien y pregunta con asombro:
-¿Comprando el aparato aislador de ondas magnéticas, regala el colchón productor de oxígeno que impide los infartos nocturnos?
-Así es, Señora, y encima le regalamos este cabecero.
-¡Apúntenos, por favor, que queremos uno!
Cerca se oyen más voces pidiendo hojas de pedido para firmar.

Yo, callado, veo la función y recuerdo otros encierros semejantes ofreciendo libros, mantas o útiles de cocina. Son  maneras de vender –me digo.
Cuando lo instalan en mi dormitorio y duermo en él, no recuerdo haber dormido mejor en mi vida. ¿Será sugestión? Luego te lo cuento.


Francisco Tomás Ortuño.  Murcia

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