Fumarolas : 2 mayo 2015, sábado, San Atanasio
Ayer estuve con Aldecoa. Hoy -me gustó el juego- he cogido al azar otro libro de la misma Colección: “Cancionero y Romancero español”, de Dámaso Alonso.
Dice don Dámaso que el mundo ignoraba la existencia de un tesoro inmenso de poemillas procedentes de la Edad Media, y que Menéndez Pelayo, a finales del XIX y principios del XX, descubrió unas cancioncillas que andaban sueltas como perros sin amo.
Dámaso Alonso fue recogiendo piezas de un puzzle y descubrió que nuestra literatura que comenzaba en el Cantar de Mío Cid, siglo XII, comenzó con preciosas canciones de mujeres enamoradas, y que, por tanto, la primera lírica fueron estas jarchas mozárabes españolas.
Tales estrofillas las tomaban de una tradición oral cantada:
-Mi corazón se me va de mí, -oh, Dios, ¿acaso se me tornará?
-¡Tan mal me duele por el amado! –Enfermo está, ¿cuándo sanará?
-Malherida iba la garza enamorada –sola va y gritos daba. -¿Dónde la garza hace su nido? -Ribericas de aquel río –sola va y gritos daba.
-Al alba venid, buen amigo, al alba venid.
-Gritos daba la morenica –so el olivar, –que las ramas hace temblar; –lloraba su muerte, amigo, –so el olivar, –que las ramas hace temblar.
-Del rosal vengo, mi madre –vengo del rosal.
Francisco Tomás Ortuño. Murcia
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