martes, 13 de enero de 2015

Reglas gramaticales.

Fumarolas :  13 enero 2015
Fragmento
…

-¿Fragua lleva crema o diéresis?, preguntó Antonio.
-Pues no, amigo mío. Recuerdo que un compañero colocó un cartel al público donde ponía “antiguo” con dos puntitos sobre la u. Me permití corregirlo y perdí a un amigo, que así de susceptibles somos las personas.
-¿Y cómo se lo dijiste?
-Le dije riendo que había cometido una falta gramatical.
-¿Dónde? –me dijo.
-Has puesto “antiguo” con dos puntitos sobre la u, que le sientan como a un Cristo dos pistolas.
Y queriendo llevar razón, me hizo que le explicara que solo gue – gui admiten la diéresis si tiene que pronunciarse la u: pingüino, desagüe, pedigüeño, cigüeña…, pero nunca gua o guo, como fragua, antiguo o gualda.
En estas cuestiones de corregir a otro, hay que llevar cuidado, que si admite la corrección es a cambio de perder la amistad. Tú dile a cualquiera que ha escrito “pua” sin acento ortográfico y te dirá, en el mejor de los casos, que es palabra monosílaba y, por tanto, no lleva tilde. Se inventará otras reglas para no admitir que estaba equivocado.
-¿Acaso púa lleva acento?
-Pues sí, querido Watson. Hasta ahora la RAE admite que si dos vocales van juntas, una fuerte o abierta (a-e-o) y otra débil o cerrada (i-u) y la fuerza de voz recae sobre la débil, esta debe llevar tilde: púa, cacatúa, mío, Raúl, Caín…
-¿Y si dos vocales fuertes se pronuncian en una sílaba? Si “maestro”, a efectos de medida en un verso, cuenta dos sílabas, “maes-tro”?
-Eso en Gramática es una sinéresis.
-Muy complicada es la Lengua.
-Y muy bonita. A veces, hasta la Real Academia te lo pone difícil. Si dice “digo” donde dijo diego”, por ejemplo, ya no sabes bien a qué atenerte.


                              Francisco Tomás Ortuño.  Murcia

lunes, 12 de enero de 2015

Miserias humanas.

Fumarolas: 12 enero  2014
Fragmento
…

  En la capilla he observé con curiosidad la escena que se ofrecía a mi vista. Había en un banco tres mujeres ancianas de “la casa”. Una monjita llevó a un anciano y lo puso entre dos de las tres mujeres. Desde el primer momento se vio que no lo admitieron: el pobre apenas podía moverse teniendo sitio de sobra si ellas hubieran querido.

  Perdona, amigo Blas, que estuviera más pendiente de la escena del banco que de tus palabras. Creo que nadie se ha dado cuenta, pero era terrible la guerra que se libraba. Así, han pasado la Misa sin ceder un centímetro las tercas mujeres para que el nuevo inquilino pudiera estar cómodo.

  Luego he pensado que la convivencia humana no es lo que parece. Uno se piensa que es pacífica y amable, cuando lo que hay es discordia o guerra disfrazada. Lo vi claro en la escena de la Residencia, cuando don Blas decía la Misa y cantaba: “Con Cristo, con Él y en Él…” con voz que quería imitar a los propios ángeles.

¿Había su poco de vanidad en el canto? Ojo, pues, con ese mundillo interior que todos llevamos, donde fácilmente se cae en las redes del tentador.


                             Francisco Tomás Ortuño.  Murcia

domingo, 11 de enero de 2015

La razón la lleva quien da.

Fumarolas: 11 enero 2015
Fragmento

-“Pobre hombre” no es lo mismo que “hombre pobre”, Julián. Cuenta el idioma con ciertos adjetivos que tienen semánticamente un doble significado, según vayan delante o detrás del sustantivo. Bueno, que aterrizamos más con luz de luna que de sol. Este había pasado ya el testigo al satélite para que nos alumbrara.

-¿Desde cuándo juegan a pasarse el testigo, Orestes? ¿A quién se le ocurriría primero? “Cuando yo me vaya,  te quedas en mi puesto”.  “Tú de noche, que la noche es para dormir y es mejor que haya poca luz, una luz tenue para andar por los caminos si tienen que  salir de casa”.

-En estas parlas andarían para ponerse de acuerdo. Sería el sol el que ordenara lo que había de hacerse, que la razón la lleva siempre el que da y no el que recibe; y en nuestro caso es el astro que brilla con más fuerza el que proporciona luz al astrillo que la recibe.


                    Francisco Tomás Ortuño.  Murcia

sábado, 10 de enero de 2015

La suerte de la Lotería.


FumarolaFumarolas: 10 enero 2015

Fragmento
 … 
     -Es el Destino, Julián, que gasta sus bromas. El día 22 de diciembre pasado, tocó el “gordo” de la Lotería en el número 13.437.
-¿Y qué tuvo de particular?
-Por muy poco sale la fecha del nacimiento de mi Señora, que fue el trece de mayo del 37.
-Sí que fue casualidad; si el cuatro hubiera sido un cinco  da en la diana.
-Dios, por lo visto, se manifiesta con signos; unos los interpretamos bien, y otros, los más, no los entendemos. “¿Qué me querrá decir?”, pensamos. Y luego, a toro pasado, caemos en la cuenta.

     Luego estuve en la farmacia de Guillén. Saludé a Juan, antiguo compañero del Instituto. Juan, hijo de don Manuel Guillén, estudió Farmacia, para seguir “el oficio” de su padre. Son hijos, estos, con suerte, que nacen con su plaza asegurada. Otros, que no tienen una Farmacia esperando para seguir, no tienen tanta suerte.
-¿Suerte? Estás aventurando juicios. ¿Quién sabe si la suerte de esos afortunados estaba en otra parte, y por una Farmacia se equivocaron? Nunca se puede saber, David, lo que guardaba la puerta que dejamos sin abrir.  

                             Francisco Tomás Ortuño. Murcia.

viernes, 9 de enero de 2015

Yo soy de otro tiempo.

Fumarolas: 9 enero 2015
Fragmento

      He recargado mi móvil con veinte euros, que las Compañías de los móviles no quieren que duerman; si lo tienes inactivo, te lo bloquean y se quedan con lo que haya en ellos sin gastar.
-Oiga, que me quedan diez euros todavía.
-Pero no llama a nadie en una semana.
-¿Es que me ve?
-Pues claro que te veo; yo sé quién habla y quién no habla.
-La puedo denunciar.
-Tengo la sartén por el mango, y cuando no habla uno le corto la circulación y tiene que recargar de nuevo, que es lo que te ha pasado a ti.
-Pero si no tienes que decir nada, ¿por qué vas a llamar? Estando en casa, uso el fijo.
-Pues pasa del móvil, ¿para qué lo quieres? ¡Si supieras cómo lo usan los jóvenes! No saben estar cinco minutos sin llamar.
-Yo soy de otro tiempo, y no lo uso tanto. ¿Sabes para qué lo necesito? Para llevarlo en el coche, por si tengo un accidente y tengo que llamar a mi Seguro a que me mande una grúa.
-Ya veo que no eres de ahora.

          Francisco Tomás Ortuño. Murcia

jueves, 8 de enero de 2015

Saber que nos esperan.

Fumarolas:  Cruzar

Fragmento

     A las doce en punto de la noche, murió el abuelo Amós. Era el año 1984. Hace ya treinta años. Yo estaba con él. De pronto, levantó su brazo derecho en un movimiento extraño y convulso y partió. ¿Querría decir algo?

     ¿Me lo dirá alguna vez? “Os oía hablar aquella noche y yo me resistía a dejaros. Cuando llegó la orden irrevocable de partir, sentí vértigo como quien se ve en lo más alto de un edificio y tiene que saltar al vacío. Me estremecí y dejé mi cuerpo solo”.

     ¿Cómo recordaremos “allí” la vida terrenal? El tiempo ya no será el mismo, porque el que tenemos lo hemos inventado para andar por casa: lo que tarda la Tierra en dar una vuelta al Sol, lo llamaremos año… y así. Pero si luego no hay Sol, ni Luna ni Estrellas y vivimos en otra dimensión atemporal, ¿cómo recordaremos este tiempo?

     Para entonces sí me gustaría tener una máquina del tiempo y ver qué habrá en ese mundo y cómo nos veremos. Para esta vida terrenal, no. Yo no quiero saber cómo ni cuándo será mi fin. Pero saber qué haremos entonces y cómo será la otra vida, cómo me gustaría.

     Cuando todo sea luz y los enigmas se desvelen, qué cambios, Señor, en nuestra mente. La misma eternidad que hoy no comprendemos, será fácil de entender. Y será entonces que la Creación se convertirá en un punto casi invisible como una estrella fugaz.

     Comparando la Creación con la Eternidad, si es que admite comparación, será algo así como los postes del telégrafo que se ven pasar desde la ventanilla del tren. Pasado y futuro confundidos en un presente sin materia.  Algo que fue y dejó de existir tan velozmente que se perdió al instante como el humo de un cigarro o la gota de agua que cayera en el mar.

     Cómo me gustaría ver a mis padres y hermanos que ya se fueron, reunidos de nuevo en otro lugar. Saber que nos esperan como se espera en la estación a los viajeros que van llegando. “Otro que llega; veamos su cara de sorpresa cuando nos vea; aquí juntos de nuevo y para siempre”.

               Francisco Tomás Ortuño. Murcia

Velocidades.

Fumarolas: Sorprendente
Fragmento

Terminé mi anterior etapa de “Fumarolas” con la Tierra, girando con suma precisión alrededor de su estrella.
Recuerdo que me pregunté a qué velocidad íbamos sobre su lomo, y como los números me han gustado tanto, hice las cuentas como las hacía siempre, antes de aparecer las máquinas calculadoras; tiré de papel y bolígrafo y me puse a calcular.
La Tierra dista del Sol 150,000.000 de kilómetros. Siendo esta distancia  el radio de una circunferencia, calculé la longitud de la misma con el “dospierre” que me enseñara mi Maestro. Dos por tres catorce por ciento cincuenta millones, igual a nueve mil cuatrocientos veinte millones de kilómetros. 
Luego dividí este camino que recorre la Tierra en un año por trescientos sesenta y cinco para saber lo que recorría en un día: dos millones quinientos ochenta mil ochocientos veintiún kilómetros. Por últimos,  dividí esta cantidad entre veinticuatro y me dio ciento siete mil quinientos treinta y cuatro, que eran los kilómetros que andaba el Planeta Tierra en una hora. O sea que su velocidad constante era de esos ciento siete mil por hora. Más de cien mil como te dije.
Siempre aproximadamente, porque en primer lugar la distancia al sol es de ciento cuarenta y ocho millones de kilómetros y no de ciento cincuenta. Luego que la circunferencia es una elipse y el Sol ocupa uno de los focos. Además, que la Tierra lleva al mismo tiempo otro movimiento, el de rotación sobre su eje.
-Y que el Sol se va moviendo también y la Tierra  lo sigue en su desplazamiento como el gato al ratón: que te pillo y se escapa.
-Con todo se calcula aproximadamente que se mueve a la velocidad que te dije antes: cien mil por hora, que no está mal. Un caballo corre a noventa; un coche, a cien; un avión, a mil; y la Tierra a cien mil por hora. Escalofriante.


               Francisco Tomás Ortuño. Jumilla (Murcia)