domingo, 18 de enero de 2015

Ni más ni menos que hermanos.

Fumarolas: 18 enero 2015

-Un escritor, apellidado Fornés, llamaba a sus obras “Fornerías”, como yo llamo “Fumarolas” a mis escritos. También Ramón llamaba “Greguerías” a los suyos, y Campoamor “Humoradas”.

-Cuenta Fornés en una de sus “fornerías” que  una tal señora hubiera sido una escritora fenomenal si no hubiera ocupado tanto tiempo en  educar a sus hijos y en atender a su marido. Cuando lo dijo en una fiesta, terminó: “Te mereces un aplauso”, y ella sonrió agradecida, pero dijo que ella prefería mil veces a sus hijos y a su marido que a todos los aplausos de la tierra.

Sin entrar en nuevas “fornerías”, yo pienso en las parejas de hoy. Dos se casan y tienen hijos. Luego se descasan y los hijos se reparten: “Estos dos para ti y este, que pesa más, me lo quedo yo”.
El padre descasado vuelve a casarse con madre descasada. La pareja emparejada tiene más hijos, y hasta el hijo del primer matrimonio, en las horas de trabajo de los padres, tiene un hijo con la hija de la segunda esposa. Si queda juventud, aún puede complicarse más la mescolanza familiar.

Y sigo pensando: “¿Qué relación hay entre los hijos de un padre con los de esposas distintas? ¿Cómo debe llamarse a los hijos que nacen de distintos padres? ¿Y si el hijo de un padre tuviera un hijo con la madre que entró a su casa para ocupar el puesto de su madre separada?

No sé si tienen nombre estos embrollos, barullos o enredos. Con lo fácil que era cuando se casaban dos para siempre, hombre y mujer, claro, y los hijos eran ni más ni menos que hermanos.


Francisco Tomás Ortuño. Murcia

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