domingo, 16 de noviembre de 2014

Acertijos.

Fumarolas: 14 novbre 14
Fragmento

     La vida, si te fijas, es un juego de acertijos. Hacemos por nuestra cuenta, queriendo adivinar lo que es mejor. Que acertamos, bien; que no acertamos, a conformarnos con habernos equivocado. No rebelarnos, porque no conseguiremos nada. Aceptar no haber dado en la diana y probar de nuevo.

     Un juego de acertar lo que Dios quiere, que va por delante marcando tu camino. Tú vas detrás, en un juego difícil de adivinanzas. “¿Por aquí?”. Acerté. “Ahora por aquí”. Me equivoqué. Lo malo es que el error pueda llevar a otro error y perderte entre errores difíciles de volver al buen camino.

     En las personas con suerte todo parece fácil: un acierto te lleva de la mano a otro acierto, o te hace reflexionar pronto para seguir por donde debes ir. Pero, ay, en las personas con mala fortuna, todo son equivocaciones: Si por aquí, es por allí; si por allí, es por aquí.

     Supongamos que se yerra en el altar, que en lugar de Juan era Pedro y, precipitadamente, te tiraste al agua cambiando tu destino. Cuando te pongas a andar, lo más seguro es que tu vida vaya en dirección equivocada. Tu vida entera será una consecuencia de tu primer error. Y qué difícil volver para empezar de nuevo.

     -¿Qué hacer entonces?

     -Pedir consejo al Señor y, con mucha humildad, aceptarlo. Él mejor que nadie te dirá el atajo que debes tomar.



                             Francisco Tomás Ortuño. Murcia

jueves, 13 de noviembre de 2014

Reloj biológico.

Fumarolas: 13 noviembre 2014

Murcia, las nueve. Ya tomé mi desayuno, estuve en la piscina, hice gimnasia y vi la tele. Algunos dormirán a pierna suelta.
-A pierna suelta o sin soltar, ellos sabrán cómo duermen.
-Es una expresión que significa dormir bien. Será, Julián, que tienen el mismo reloj biológico o que los padres les enseñaron a acostarse tarde, y de ahí que madruguen poco. 
-Pero, ¿es que los padres pueden cambiar el reloj biológico de sus hijos? Yo creo que ese reloj no se deja cambiar así como así.
-Misterios de la naturaleza, Iván; todo, por lo visto, se deja maniobrar con la costumbre desde fuera.
-No lo dirás en serio; el reloj que cada uno tiene será como la talla o el color de los ojos: la suerte viene dada desde antes de nacer. ¿Cómo vas a cambiarlos a tu antojo o gusto una vez que han nacido?
-Pero quizás que un poco sí se dejen influenciar. En los cuarteles, se tenían que levantar a las ocho y yo creo que por miedo a los correazos del sargento, se despertaban a esa hora: todos los relojes, por la cuenta que les traía, se igualaban o adaptaban.

-Estudiaremos el caso, Julián, que puede ser más importante de lo que parece. Igual de ahí arranca que unas personas sean más despiertas que otras, o que rindan más o menos. Si debían de estar durmiendo por su natural y lo obligaban a levantarse, ¿cómo crees que iba a hacer bien lo que tuviera que hacer? Iría durmiendo cuando trabajaba. Y luego dormiría  mal, encima, porque no era su hora de dormir.
-En la naturaleza no podemos poner reglas a nuestro gusto. Tú no puedes decirle al Sol que se retrase dos horas en salir porque a ti te venga bien. Y a tu reloj biológico lo mismo. Tendremos que respetar su marcha nos guste o no nos guste. Es como el que nace zurdo y tú le atas la mano izquierda para que no la use.
-Hasta hace poco, a los zurdos los llamaban torpes o malos. Estaba mal visto que se escribiera con la mano izquierda. Y los niños sufrían al no poder hacer su natural. Luego vieron que la naturaleza terminaba por imponerse.

-Seguiremos con el tema, Iván, que de ese error pueden haber venido males del pasado. Una persona obligada a no ser ella misma podría devenir en locura. Hemos vivido mucho tiempo en un mundo de locos, Iván, y ahora sufrimos las consecuencias; que ciertos actos no se enmiendan en cuatro días. Ciertos errores se curarán a la vuelta de muchas generaciones.


                                                                                  Francisco Tomás Ortuño. Murcia

miércoles, 12 de noviembre de 2014

El picacho.

Fumarolas: 12 noviembre 2014-11-12
Fragmento
Recuerdos del verano
A mi querido hijo Ángel-Inocencio TOMÁS PASTOR

     Bien temprano, Ángel y familia se fueron al picacho. Me dijo la noche anterior que dejarían el coche por el collado, cerca del convento, y que subirían andando por el camino de Pepus.

     No era la primera vez que Ángel subía al picacho por sendas con pinos y sabinas a uno y otro lado. Con su hermana Lina y Mª Ángeles, y con sus primos y primas, ya subía hace treinta años, siendo Guardián del Convento el Padre Ángel. 

     En una ocasión, como era la hora de comer y no daban señales de vida, fuimos a buscarlos, unos por el norte, otros por el sur, por el este otros y aquellos por el oeste. Fulgencio, que estaba en la Fuente de la Jarra, dijo haberlos visto pasar. 

     “Angeladas” de estas tiene muchas en su vida. La de hoy, con su mujer y sus cuatro hijas, era una más que añadir a la cuenta.

…

     Bajamos al pueblo y fuimos al Mercado. Qué fiesta ver los puestos con lo que ofrecen para comprar. Si es de comer, tienes sandías, melocotones, peras, tomates…; si es de vestir, hay zapatos, pantalones, camisas…; lo que busques, a la mano. 

     Lo de aparcar el coche es un calvario: que si dirección prohibida, que si ocupado o se llamará a la grúa. Das una vuelta, otra vuelta, hasta que tienes suerte y encuentras el hueco que buscabas. “Nunca falta un roto para un descosido”, que decía mi madre. No sé si cuela aquí el refrán, pero tú me entiendes. Decía que siempre ves dónde hacerlo.

     -¿Y a quién has visto fuera de vendedores, compradores y paseantes?

     -Saludé a mi parienta Ana Tomás, Catedrática por méritos propios. Nos gusta cambiar impresiones aparte de preguntarnos por la salud. Digo por méritos propios porque de familia humilde y trabajadora del campo, se elevó a base de estudio a las cimas del saber. Hasta le pusieron su nombre a la Universidad Popular del pueblo.

                           Francisco Tomás Ortuño. Murcia

martes, 11 de noviembre de 2014

Árabes y judíos.

Fumarolas: 11 noviembre 2014

Fragmento

-En la tele, haciendo mi gimnasia de los pies, vi las noticias. Me quedé con la mejor: “Tregua de paz entre israelitas y palestinos”.
-Pero ¿es que siguen con la guerra en Gaza?
-No ven la manera, Fermín; quieren la paz y no saben cómo lograrla.
-¿Cómo no interviene Naciones Unidas o los Estados Unidos, como haría un padre con hijos que discutieran?
-La prudencia, por lo visto, aconseja otra cosa. No es fácil meterse entre dos que discuten: pueden entrar otros países y armarse la de San Quintín.
-¿Qué solución ves tú al conflicto, Fermín?
-Yo partiría Jerusalén en dos mitades con una muralla china: “Esta para ti y esta para nosotros”. Lo peor es seguir queriendo dos la misma cosa.
-Árabes y judíos, en esa zona, nunca fueron buenos vecinos; ambos se creyeron siempre dueños absolutos de una tierra sagrada y convirtieron la plaza en un polvorín. Gaza parecía ser la solución. Pero no, el rencor saltaba pronto con miradas de odio y ruidos de ametralladora. Miles de muertos quedaban rociados por las calles.

En el siglo XX hubo dos guerras mundiales: todos contra todos. Murieron millones de hombres. ¡Qué desastre! Hasta que unos se alzaron con la victoria y pusieron condiciones duras a los vencidos. Aquí esperemos que no se llegue a tanto.
-Somos tan necios que podemos repetir, que el hombre es el animal que puede tropezar dos o más veces en la misma piedra.

-Pues que se anden con ojo, que está en juego la vida del Planeta, Arsenio, que la ciencia progresa para el bien y para el mal, y lo que no se hacía en el siglo XX, puede hacerse en el XXI, que esto viene de largo:  Caín y Abel no se entendieron donde tú sabes. Como no haya un ser justo y duro para imponer la paz, no veo solución.

-¿Tú crees que es el demonio quien mueve los hilos entre los hombres?

-No encuentro otro, Fermín. Si dependiera de los hombres, a nadie le pasaba por la cabeza el enfrentamiento; pero este malvado Diablo, que anda suelto buscando donde hacer mal,  les hace obrar así.

-¿Y será el fin del mundo?
-No; llegará un momento en que Dios dé un puñetazo en la mesa y diga: “¡Hasta aquí y ni un paso más, Satán perverso y malnacido, deja a los hombres en paz y vete al Infierno, desgraciado!”.

-¿Y se irá sin rechistar?

-¡Hombre!, si Dios se lo manda, tendrá que obedecer, hasta ahí podíamos llegar.

-Es que si le ha dado tanta cuerda, igual cuesta luego recogerla. A un niño le daban todos los caprichos que quería. Cuando el padre le negó el primero, se rebeló y le alzó la mano.


                                                                      Francisco Tomás Ortuño. Murcia

lunes, 10 de noviembre de 2014

Grados en la fe.

Fumarolas: 10 noviembre 2014
A mi hija, Lina María Tomás Pastor

Fragmentos
…
-Hay, por lo visto, muchos grados en la fe: unas personas  son de dos coma cinco, otros de cuatro, otros de siete con veinte…
-Esa cuenta la llevará un Ángel en el Cielo, con balanzas de precisión: hasta los pensamientos contarán para mover los platillos.
-Todo estará en la conciencia: Lo que sea falta para unos dejará de serlo para otros, según un pacto con el Señor.
-No te metas en terrenos resbaladizos, Julián, que hay quien parece un santo y es un Judas, y al revés.
Pensamiento de Pitágoras: “Con orden y tiempo se encuentra el secreto de hacerlo todo”. Ya pensaba el matemático griego que había que dedicar un tiempo a cada cosa si queríamos aprovecharlo. Lo cual me dice de paso que el hombre ha cambiado poco en dos mil años. Quién sabe si dentro de otros mil o cinco mil, los niños en las escuelas leen: “El cuatro de agosto del año 2014, Lina estuvo en Cuba a decir a los cubanos cómo se enseña a los niños en España”.
Ocurrencia infantil:
-Si Dios está en todas partes, ¿por qué no lo vemos? –pregunta un niño a su madre.
-Porque a Dios solo se ve con los ojos del corazón.
Más intrigado aún, dice el niño:
-Mamá, el corazón no tiene ojos.


                            Francisco Tomás Ortuño. Murcia

domingo, 9 de noviembre de 2014

Recordando.

Fumarolas: 9 noviembre 2014
Recordando
     -Aquella mañana nos levantamos un batallón de gente. Un Batallón era parte de un Regimiento, que se dividía, a su vez, en Compañías. A cada Compañía la mandaba un Capitán. Mi Compañía en Carraclaca, de Lorca, la dirigía el Capitán Cañete. Estas explicaciones pronto sonarán a chino, ya que el Servicio Militar ha desaparecido.
     Cuando voy a Inacua, veo, enfrente de las piscinas, las instalaciones del Cuartel que fue de Artillería, entonces un mundo de soldados en sus labores. Hoy parece un cementerio, lleno solo de recuerdos. Pienso en los Jefes militares que allí vivieron años, si pasan hoy por la puerta.
     -Vuelve a tu relato, Guillermo, y deja los cuarteles de antaño, que lo pasado pasado está. Lo que importa es lo que viene. ¿Decías?
     -Preparé mi macuto con bañador, gafas y toalla y emprendí la marcha a Alicante.
     -¿Andando?
     -¡Hombre, ni tanto ni tan calvo! ¿Cómo iba a ir andando? Llegado que fui a la “gare”, me dijeron que había huelga de ferroviarios, pero que respetaban algunos turnos. El de las nueve, que funcionaba, lo aproveché. Sobre las diez y media estaba  desayunando en el bar de la estación alicantina.

     -¿Y el mar?
     -Andando, andando, ahora sí, por la estatua de Canalejas, llegué a la Explanada, con puestos de baratijas, y al final, la playa, junto al Hotel Meliá, llena de bañistas. Me di un baño en las tranquilas aguas, entre cuerpos casi desnudos. De allí me acerqué a Pradilla, 10, 2ª izquierda, meta principal del viaje.

     Como se iba haciendo la hora de comer, aparqué en un “Ketchu” o casa de comidas japonesa. Repuse fuerzas y seguí a la estación, de nuevo, para el regreso. Pude alistarme en el turno de las cuatro. Sobre las cinco y media estaba en casa.  

     Miguel se bañaba en la piscina con sus sobrinos; los gritos llegaban hasta los frailes. El rebaño de ovejas que pasta por estos lares, debía de estar cerca: oía sus balidos y cencerros, inconfundibles, a pocos metros de allí.



                            Francisco Tomás Ortuño. Murcia

sábado, 8 de noviembre de 2014

Sentimientos.

Fumarolas: 8 noviembre 2014
Fragmento
…
-¡Cómo se quiere a los hijos, Quiliano! 
-Sentimientos que no se pueden expresar con palabras, Godofredo. 
-¿Dónde estará ese amor? Para mí es un misterio. ¿En los pies? ¿En las manos? ¿En la cabeza? ¿Dónde? ¿En el corazón? Yo no veo en mi cuerpo más que sangre y músculo. ¿Dónde reside, pues, el amor que sentimos por los hijos?
-Brota de la sangre, de tu cerebro. 
-No confundas lo material con lo espiritual. La materia te mantiene; el espíritu es otra cosa. Yo sé que pienso con la cabeza, pero pensar no es querer. Saber que dos y dos son cuatro no es amar. ¿Dónde, pues, está el amor que ama a otra persona?
-En tu espíritu, Godofredo, ¿o es que eres solo materia? El ser humano se compone de cuerpo y de alma. El cuerpo se ve, se toca, se siente, y su función es mantenerse vivo y trasladarte de un lugar a otro. Vamos, como un coche. El verdadero amo y señor es otro que gobierna la carcasa de huesos que lo conduce.
-Yo constato a mis ochenta que mi amor está vivo como estuvo siempre, aunque el cuerpo se caiga a pedazos. Los jóvenes confunden el vigor del cuerpo con el amor y creen que el mayor no puede amar porque no ve bien. Tendrán que ser ellos ancianos para comprender lo que se siente por ellos mismos.
-No es fácil descubrir dónde está el alma. Es como otra persona que va dentro y no se ve. Pero que ella solo y solo ella quiere, ama y tiene los sentimientos que puede tener una persona. 
-Hay almas sosegadas y nerviosas; almas buenas y  perversas, almas torpes y listas. No son iguales, y eso se ve a la legua. Diría que no hay dos iguales, como no hay dos cuerpos idénticos.  
Cuando, inesperadamente, llega la Parca para decir: “¡Hasta aquí!”, y los separe. El cuerpo se tira y el alma vuela a otras regiones a gozar de la libertad que no tuvo   encerrada.
-¿Y a dónde irán las almas, Quiliano? ¿A dónde recalarán cuando  queden libres de sus cuerpos? ¿Se juntarán de nuevo las que se amaron? ¿Se contarán los motivos de no encontrarse en aquella cita que se dieron? 
-No desbarres, Godofredo; no quieras saber lo que no corresponde. Cada cosa en su tiempo. 


                                                                                  Francisco Tomás Ortuño. Murcia