Fumarolas: 3 marzo 15, martes, San Emeterio
El domingo pasado estuve en Santana. Hacía algún tiempo que no iba, lo menos un mes. El almanaque de la cocina, tenía aún la hoja de enero.
-¿A qué fuiste, si se puede saber?
-A plantar un cerezo.
-¿A plantar un cerezo? ¿Te estás quedando conmigo?
-Así fue. Un pariente, nos prometió por Navidad regalarnos un cerezo. Y ahora ha llamadopor teléfono: “Ya tengo el cerezo preparado, ¿cuándo lo plantamos?”.
Quedamos en que fuera el domingo. Nos citamos en San Agustín y fuimos a su campo a recogerlo, a unos cuatro kilómetros, por los Berciales, en dirección a Cieza. Su casa es grande. Posee más de trescientos cerezos plantados en su finca. ¿Cómo estarán cuando se llenen de cerezas? –dije.
Sobre la marcha, para ensalzar quizás el producto, me contó que un Rey le dijo a su lacayo que quería un árbol frutal en su huerto. Y el criado le plantó un cerezo.
Pero el Rey no quedó satisfecho, viendo que había frutos más grandes. Le parecía pobre la cereza por su exiguo tamaño.
Pero el labrador, astuto, le dijo que ningún otro árbol florecía y daba frutos en sazón tan juntos lo uno de lo otro: “Si en marzo ve la flor, en abril puede comer cerezas”. Virtud propia para un Rey como su Majestad; por eso lo elegí”. Al Rey le satisfizo la explicación y lo indultó, o sea, lo prefirió a los demás árboles.
El cerezo quedó instalado en la puerta de mi casa.
Francisco Tomás Ortuño. Murcia
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